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Los Orígenes del Grupo Terrorista ‘Sendero Luminoso’

La formación del líder Abimael Guzmán Reynoso

Sendero Luminoso, el más sanguinario grupo terrorista del Perú, se originó en 1962. Ese año, el arequipeño Abimael Guzmán Reynoso fue designado como profesor de Filosofía en la Universidad de Huamanga, Ayacucho. En su juventud, en Arequipa, Guzmán había pertenecido al partido Comunista del Perú (PCP). Sin embargo, no fue un militante ferviente. Nunca le interesaron las actividades del partido ni mucho menos reclutar miembros. Tenía más bien una facilidad para encargarse del rol administrativo. Sabía que estructuras de organización eran las más eficientes y ante todo, que personalidades eran las más adecuadas para los distintos roles.

En el distrito vecino de Huanta existía ya un comité regional del PCP. Apenas llegó a Ayacucho, en 1962, Guzmán se unió a dicho comité. Pero meses después, Abimael formó un nuevo grupo dentro del partido al que llamaría “Fracción roja.” Su objetivo era persuadir a sus camaradas, y demás gremios campesinos para llegar a acaparar todo el partido. En un principio tuvo éxito. Su poder de persuasión y carisma hicieron que el Secretario general del PCP, Saturnino Paredes, le tuviera recelo. No obstante, Abimael, con tan sólo 28 años, no se lo tomó tan en serio. El joven profesor no deseaba quedarse en Ayacucho, pues sólo había venido en plan de trabajo. He aquí donde se notan ambivalencias en su persona.

En esos meses, Guzmán conoció a un dirigente partidario del PCP, Carlos la Torre Córdova. La Torre pertenecía a una acaudalada familia de banqueros y con linaje político. Muchas veces, La Torre invitó al joven profesor a su casa, para cenar y discutir sobre política. Fue así como Guzmán conoció a la hija de éste, Augusta la Torre, quien tenía solo 18 años. Guzmán se enamoró de ella y pidió formalmente su mano. La boda se realizó en febrero de 1964.

El hecho que Carlos la Torre y Guzmán se hicieran amigos no fue coincidencia. Además de compartir afinidades de izquierda, ambos eran proclives al fanatismo ideológico. Augusta la Torre declaró alguna vez que su padre le hablaba mucho sobre la injusticia de la sociedad y la obligación de “mejorar el mundo.” Por eso Augusta se integró al PCP mucho antes de conocer a Guzmán. Había planeado convertirse en profesora de escuela, ya que la educación era la mejor forma de “hacer bien a los pobres.” Con los años, Augusta se contagiaría del fanatismo ideológico de su padre, pero a una mayor escala.

Mientras tanto, la “Fracción roja” del PCP fundado por Guzmán empezó a recibir ataques de otros dirigentes. Guzmán, al parecer, no le tomó importancia. Dejó que sus afiliados y dirigentes siguieran la lucha.

El Viaje a China-1965


En 1965, Guzmán y su esposa obtuvieron unas becas para enlistarse en la “Escuela Política-Militar de Shanghai.” Dichas becas habían sido otorgadas por Mao Tse Tung para formar a los futuros revolucionarios de Latinoamérica. Sin esperarlo, tanto Guzmán como su esposa viajaron a China en un momento crítico de su historia. En ese año se inició un conflicto ideológico en China. Vastos sectores populares se levantaron en protesta. ¿El motivo? La revolución se había “contaminado” con ciertas tendencias capitalistas. Existía una visible separación “entre las masas y el partido.” Ante el descontento general, Mao otorgó poder a las masas estudiantiles para “rectificar” a la nación. Fue entonces que, antes los ojos de Abimael Guzmán, se desenvolvió un proceso de “purificación ideológica,” comúnmente denominada “Revolución Cultural.” Absolutamente todo (desde personas hasta objetos) fue sometido a un proceso de evaluación. Profesores, artistas, y ciudadanos comunes fueron procesados y excomulgados por mostrar inclinaciones burguesas, derechistas o científicas. Ciertas publicaciones, novelas y libros fueron censurados. (En este ambiente de paranoia, se hallaron fantasmas donde no los había, y la cacería de brujas fue perversa).

Entre las masas estudiantiles resaltaban los denominados “Guardias Rojos.” Vestidos con uniforme verde olivo, los Guardias Rojos marchaban por las calles con banderas que llevaban el símbolo de la hoz y el martillo. Recitaban públicamente el “Libro Rojo,” el cual incluía citas célebres de Mao Tse Tung. En esas marchas, humillaban públicamente a los “traidores.” Es notorio el gran efecto que esto ocasionó en Abimael. En la “Escuela Política-Militar de Shangai,” el joven Peruano también se impresionó con la devoción de sus maestros. Eran gente cuya única vocación era el partido, y que le inculcaron filosofía marxista, clases de política y geopolítica, y también tácticas guerrilleras para efectuar emboscadas, asaltos, desplazamientos, y la fabricación de artefactos de demolición. Meses después, Guzmán tuvo la ocasión de ver, a lo lejos, a Mao durante una presentación pública.

El Abimael dubitativo se volvió un fanático. Quizás por ello, se rehusó a percibir la otra faceta de la “Revolución Cultural.” Los Guardias Rojos cometieron excesos, y aprisionaron a gente inocente en campos de concentración. Silenciaron a las voces críticas y lúcidas. Arruinaron (vaya ironía) a la educación que tanto priorizaban. Eliminaron cursos científicos por considerarlos capitalistas, implantando una currícula vacía y dogmática, basada en la repetición de slogans idiotizantes. Y por si fuera poco, también asesinaron a varios intelectuales, e incitaron el suicidio de varios artistas.

Pero para Abimael esto fue irrelevante pues, a su juicio, la revolución fue “el mas grande hecho político que ha visto la humanidad.”

El Regreso a Perú-1966


A su regreso, Guzmán era ya un hombre transformado. Reasumió la dirección de la franja “Fracción Roja” PCP que había fundado. Pero la dinámica ahora había cambiado. Aprovechando su ausencia, el Secretario general del PCP Saturnino Rojas movió sus influencias para detener a la “Fracción Roja.” Lo curioso es que, en todo ese tiempo, Saturnino se había proclamado como su aliado y compañero. Pero, al parecer, en el traicionero mundo de la política, las amistades eran siempre engañosas y ambivalentes. A pesar de sus esfuerzos, Abimael Guzmán había quedado aislado en su base partidaria de Ayacucho. En esos tres años, de 1966-1969, el radical profesor batalló para retomar su pasada influencia; pero todo fue en vano. Durante su temporada de lucha, entendió más a fondo los malabares políticos en el partido: el poder no se manejaba por medio de las ideas, sino a través de las intrigas, zalamerías, envidias y favores mutuos entre los dirigentes. Y lo más trágico era que, mientras los líderes se beneficiaban, los miembros del partido y la población continuaban en el atraso. Cuando la “fracción Roja”se extinguió, en 1969, Guzmán acusó a Saturnino Rojas y otros líderes de oportunistas, y los catalogó como agentes contaminantes del PCP. A su entender, el PCP se había desviado de la misión y objetivos que su fundador, José Carlos Mariátegui, había establecido en 1928.

En 1970, Guzmán decidió formar un nuevo PCP, pero esta vez bajo la figura del fundador José Carlos Mariátegui. Para este nuevo movimiento, Abimael decidió inspirarse en la revolución cultural China que él había experimentado en carne propia. El profesor se autoproclamó como la “cuarta espada” del Marxismo (sucesor de Marx, Lenin y Mao) y como el salvador del movimiento comunista. Como bien lo especificó la “Comisión de la Verdad,” el objetivo del nuevo partido fue “cambiar las almas de la población para la consolidación del socialismo.” Bajo esta nueva dinámica, la ideología partidaria se transformó en una nueva religión, y la militancia en una “purificación y renacimiento.” Los miembros del partido se entregaron a la causa, y consideraban a su líder como un salvador o un “elegido.” Al buscar un nombre para el nuevo partido, Abimael recordó un slogan del frente estudiantil Huamanguino: “Por el Sendero Luminoso de Mariátegui.” Abimael lo bautizó entonces como “Partido Comunista del Perú-Sendero Luminoso (SL).”

La Influencia de Sendero y el Inicio de La Lucha Armada


En los inicios de 1970, Sendero Luminoso eran un partido más del montón. Eran alrededor de una docena de radicales al que nadie tomaba en serio. El grupo se concentraba en la Universidad de Huamanga, y profesaban una aura sectaria y académica que provocaba rechazo. Pero detrás de las apariencias, Sendero ya tenía unas raíces sólidas. Desde el principio, Abimael Guzmán consolidó un plan de acción efectivo. Se dedicó a aprovecharse de las debilidades cometidas por el partido Comunista. A diferencia de éstos, en que los beneficios sólo llegaban a los líderes, SL mantuvo un sólido contacto con las masas. Para esto, Guzmán y su esposa adoctrinaban a los estudiantes universitarios y maestros rurales. Desde 1970 a 1975, los líderes de Sendero formaron una estrecha relación con el campesinado. Todo su poder se basó en la educación, en el “lavado de cerebro.” Sendero implantó una poderosa maquinaria de adoctrinamiento, que con el correr de los años fue en incremento. Conforme los estudiantes se iban graduando, eran “enviados como maestros rurales a las diversas capitales provinciales y distritales del Perú.” Fue así como los tentáculos de poder se extendieron en todos los rincones del país. Mientras tanto, Guzman y su esposa ya no eran “la pareja normal, con tendencias de izquierda y acostumbrada a la buena comida, al vino y a las fiestas de los sabados.” Ambos se habían convertido en unos “guías” cuya única obsesión era el partido, asumiendo un aura de misterio y ascetismo.

El fenecido escritor Oswaldo Reynoso dijo alguna vez que Guzmán fue un “humanista,” un intelectual versado en el arte y las humanidades. Esa postura es indefendible, sobre todo desde 1976. En 1976, el líder Revolucionario Mao Tse Tung fallece en China. Su poder político e ideología radical se desvanece, y su facción partidaria es apabullada. Guzmán, que había basado gran parte de su ideología en Mao, se sintió indignado. Influido de fanatismo, se erigió como el único heredero de aquella ideología en todo el planeta. Ante este hecho, en 1977, Guzmán decide iniciar “una lucha armada.” Desde 1977 a 1979, Guzmán se encargó de deshacerse de aquellos miembros del partido que no secundaron su postura radical. Docenas de miembros fueron excomulgados debido a “su poca fé.” Luego de “purificar” su partido, Guzmán pronunció en uno de sus discursos: “Somos un torrente creciente contra el cual se lanza fuego, piedras y lodo; pero nuestro poder es grande, todo lo convertiremos en nuestro fuego, el fuego negro lo convertiremos en rojo y lo rojo es luz. Eso somos nosotros, ésa es la Reconstitución. Camaradas, estamos reconstituidos.” Desde entonces deciden tomar el poder por la fuerza, y tanto él como su esposa pasan a la clandestinidad.

Obviamente, Sendero Luminoso ya se había convertido en un movimiento genocida. Consecuentemente, Guzmán organizó “La Primera Escuela Militar de Sendero Luminoso.” A finales de 1979, Guzmán contactó a sus “camaradas” en Lima, quienes se encargaron de preparar un local de capacitación en Chaclacayo. El primer grupo de “guerrilleros” fueron instruidos desde el 2 al 19 de Abril de 1980. El mismo Abimael viajó a Lima para felicitar a los graduados y pronunciar un discurso.

Un més después, el 17 de Mayo de 1980 (día de las elecciones presidenciales), los senderistas incendiaron las ánforas electorales del distrito de Chuschi, en Ayacucho. La guerra interna había comenzado, y desencadenaría una época de terror que provocaría la masacre de casi setenta mil peruanos.

Las comunidades campesinas fueron las mas perjudicadas. Mas de cincuenta mil víctimas eran quechuahablantes.𝔖

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