Opinión Politics

Kuczynski en la Cuerda Floja

Al presidente sólo le queda soportar el vendaval

El país está en crisis. La ola de corrupción ahora involucró a nuestro presidente. Aunque esto parezca desconcertante, algo nos dice que no nos debería sorprender. Y esto no es pecar de cinismo. La corrupción es una pandemia que arrastramos desde la era republicana. Ha sido una historia de nunca acabar. Desde nuestra fundación, el pueblo peruano ha seguido aferrado a la idea que aún existe un ápice de decencia en nuestra esfera política. Y aunque ahora sí nos tilden de ilusos, queremos seguir creyéndolo.¿Y por qué? Es muy obvio. Esa fé en la moral y la ética en el Perú permite que todavía seamos un país.

Pero es difícil ser Peruano. La corrupción y la basura política nos devuelve, por enésima vez, a la triste realidad. Obviamente Odebrecht había sobornado y acaparado varios estratos de nuestra esfera gubernamental. Pero lo que nos perturba es cuestionar el porqué el presidente Kuczynski no se pronunció antes o durante la investigación. Meses atrás, mientras nombres y acuerdos salían a la luz, el presidente mantuvo un misterioso silencio. Si confiaba en su propia entereza moral, Kuczynski debió informar de los contratos que había firmado con Odebrecht.

Uno se pregunta:¿Por qué Kuczynski no divulgó estos acuerdos?¿Para qué arriesgarse y ocasionar esta crisis?¿Qué tanto temía? Tamaño error ha acabado por pisotear la casi nula confianza pública en nuestras instituciones. Y cuando la base de una nación tambalea, toda la pirámide tiende a colapsar.

Anoche PPK reafirmó su inocencia e instó a los investigadores a levantar su secreto bancario. Pero estas acciones, aunque tardías, no aliviarán la tensión en el Congreso. Los representantes del Apra, el Frente Amplio y Fuerza Popular acaban de presentar una moción de vacancia. Acusan al presidente de una “permanente incapacidad moral” y piden su remoción de acuerdo al artículo 115 de la Constitución. Cuidado; estas crisis ponen a un estado en vilo. En el siglo pasado, un caos similar terminaba en un golpe de estado. Y aunque algunos ya lo vaticinen, no creemos que suceda.

Lo peor es que algunos canallas aprovecharán esta crisis. Los coludidos de corrupción la utilizarán como una oportunidad para obstruir el proceso de investigación. O buscarán la renuncia de PPK para adueñarse de más hilos de poder y obtener una prescripción o absolución de sus cargos. De los partidos que solicitan una remoción, tanto el Apra como Fuerza Popular serían los más beneficiados.

Algo que nos desconcertó fue la reacción de los Peruanos en los medios sociales en internet. Los Foros Peruanos en Facebook, tanto aquí como en el extranjero, se han inundado de comentarios pidiendo que PPK disuelva el Congreso. Se excusan en que las bancadas quieren expulsarlo y que hacen al país ingobernable. “Mano dura,” “Cierra el congreso ya,” “esos son los peores corruptos” escriben. Que varios compatriotas profesen una visión de extrema derecha no es ningún secreto. Pero esa obsesión en buscarle “una solución de hombre fuerte” o “mano dura” es una tara o remedio peor que la enfermedad.

En este alboroto político ya no hay bandos. Hemos perdido el órden. Los acusados se han convertido en acusadores. Prácticamente ya no existe ningún modelo ético al cual atenerse. Una etapa muy difícil nos aguarda.

Por lo pronto, al presidente sólo le queda soportar el vendaval. Es la penitencia que debe saldar por su falta de liderazgo. Quienes lo acusan de ser un mediocre, ahora tienen una razón más en que escudarse.𝔖

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