No hay hegemonía sin opresión. Y la opresión se ejerce a través de una violencia sutil y silenciosa.
La sociedad es muy reticente al utilizar palabras como cholo, indio, negro, chino, o colorao. En ciertos contextos, esas palabras se perciben como ofensivas, o como “términos racistas.”
La cultura y el lenguaje están ligados a la hegemonía y sus relaciones de poder. ¿Por qué tenemos cautela al usar términos como cholo o negro? Porque existe una violencia estructural que nos agobia silenciosamente. Y esta se traslada también al terreno de lo estético.
La hegemonía y sus medios masivos intentan subyugar al individuo, anulando su creatividad y su vitalidad. La hegemonía también nos deshumaniza a través de estereotipos que relacionan al “cholo” o “negro” con lo negativo. Racismo, le llaman; pero su dominio es más profundo y complejo. Victoria Santa Cruz lo experimentó desde niña:
Tenía yo un grupo de amiguitas y yo era la única negra. Un día había una niña entre ellas, una de pelo rubio y de inmediato dijo: “Si la negrita quiere jugar con nosotras, yo me voy”. Y yo pensé, “¿Quién es ella?” Acababa de llegar y ya estaba dictando las leyes. Qué sorpresa me llevé cuando mis amigas me dijeron: “Te puedes ir Victoria”. Dije yo, “¿Qué?” Fue sufrir algo muy importante. He escrito un pequeño libro en español y en inglés en el que digo: “¿Qué sufrimiento esconde la puerta?” El secreto no es irse, sino entrar por ella. Yo estaba pequeña y cuando vi que mis amigas me hacían a un lado, me fui. Pero nunca olvidé. Nunca olvidé la importancia del sufrimiento. El punto no es ser víctima. Me pregunté: “¿Quién sufre? ¿Y por qué?” Y otras emociones empezaron a emanar. Nunca se lo conté ni a mi padre ni a mi madre. Era algo que tenía que probar y descubrir por mí misma. Esa niña estimuló algo en mí sin saberlo. Y llegué a descubrir lo que significa ponerse de pie sin buscar a quien echarle la culpa, sufriendo pero descubriendo cosas. Empecé a descubrir la vida. El enemigo vive en casa y hoy en día es difícil que alguien me insulte, por las cosas que la vida me ha enseñado.
En su poema “Me gritaron negra,” Victoria describe aquel proceso de deshumanización. Al inicio relata su sinsazón al escuchar la palabra “negra.” Al oírla, la hegemonía y sus hirientes connotaciones la lastimaban. Y repetía la palabra con cadencia y pesadez:
Y pasaba el tiempo,
y siempre amargada
Seguía llevando a mi espalda
mi pesada carga
¡Y cómo pesaba!
Y me sentí negra,
¡Negra!
Como ellos decían
¡Negra!
Y retrocedí
¡Negra!
Como ellos querían
¡Negra!
Al gritarle la palabra negra, la gente se envilecía, pues servían como un vehículo de encono y agresividad. A su vez, esa palabra generaba indignación y dolor en Victoria. Tanto agresores como agredidos, atrapados en la hegemonía, se destruían mutuamente.
Avanzado el poema, Victoria repite la palabra negra de forma apasionada. En el proceso repetitivo, lentamente surge una transformación. En toda obra artística emerge el elemento conciliador. La humanidad está dividida, y era necesario armonizarla. Aquí entra a tallar la fecundidad estética. Dicha cualidad no rechaza el mal sino que se alimenta de él. Los elementos nocivos son bienvenidos para reinventarlos usando una “energía cósmica.”
La hegemonía disfraza y corrompe a las palabras de nuestro lenguaje, eliminando de ellas su esencia y autenticidad.
A veces es necesario sacudir una palabra para desentrañar su verdadero significado. A mitad del poema, ella se pregunta:
¡Negra!
¿Y qué?
¿Y qué?
¡Negra!
Sí
¿Y qué? Es la pregunta que libera. A través de ella, destapamos a la realidad.
Entonces, surge el giro estético. En el proceso creativo, Victoria disuelve las barreras y construye una nueva dimensión. Al repetir la palabra ‘negra,‘ aquella perdió las connotaciones negativas de la hegemonía. El artista se desafia a sí mismo produciendo una ruptura en la esfera lingüística. El cuestionamiento en torno a esa palabra, ¿qué significa? El objetivo era desestigmatizar la palabra y transformarla en una de empoderamiento. El giro estético produce también un giro lingüístico, y lo reformula con el auténtico significado.
El objetivo del arte (si es que lo tiene) no es la creación de nuevos discursos sociales, sino el de reimaginar los entes que la componen.
La fecundidad estética es un don del artista. Es una aptitud de desatar un proceso de reciclaje, por el cual las palabras son internalizadas para desenredarlas de las relaciones de poder existentes y así procrear una nueva estética. Y a traves de ésta, extraer las únicas esencias que son el poderío y la belleza africana.
Entonces descubrimos que, al disolver una estética perniciosa, las connotaciones negativas u ofensas dejan de serlo. Se descubre que la violencia nunca residió en el lenguaje.
Los seres humanos no conocen el origen de la raza. ¿Cómo es que se critican y se desprecian tanto? Los blancos desprecian a los negros. Los negros desprecian a los negros. Y los indios desprecian a los indios. Entonces, ¿Qué quiere decir? Los seres humanos no saben lo que son. Así que cuando comienzas a entender, a descubrirlo, tú ves. Tú dices: “¿Qué estoy haciendo? ¿Qué es ser negro? ¿Qué es ser blanco? ¿Qué es ser rubio?” Y empezamos a descubrir la vida y empezamos a entender cosas importantes y a ver que el ser humano no sabe dónde está. Es importante saber que no hay revolución sin evolución. Y en el presente yo sé quién soy.
Decía Gramsci que la realidad está definida con palabras, y aquel que controlaba las palabras controlaba la realidad. Si la violencia hegemónica se replica en el terreno estético, entonces el arte puede ejercer también una energía redentora. Pues si la hegemonía intenta subyugar al individuo anulando su creatividad, el individuo también puede usar su creatividad para anular a la hegemonía. La creatividad genera así una estética revolucionaria. Eso fue lo que Victoria Santa Cruz descubrió.
Por eso Victoria afirmaría luego que “bendecía a los que le dijeron negra” por que su rechazo le mostró el camino para descubrirse a si misma y alcanzar la redención. E inmortalizó dicha solución en su verso: ¡Ya tengo la llave! Negro, Negro, Negro, Negro…¡Negra soy!𝔖
Fragments: “An interview with Victoria Santa Cruz”; 2011. Courtesy of Callaloo Journal.
