Pachacútec Fomentó el Poderío Incaico

 

Observar los templos Incaicos y su legado arqueológico es un deleite. Pocos imperios en la historia humana han erigido lugares tan majestuosos como Machu Picchu. Si recuerdan, años atrás Machu Picchu fue galardonado como “maravilla del mundo,” al lado de otras riquezas arquitectónicas como el Coliseo del Imperio Romano, la Gran Muralla China, el Taj Mahal en India y otros.

Lo curioso es que éstas ‘maravillas’ del mundo fueron hechas por Imperios que tuvieron varios siglos de existencia. Machu Picchu, por el contrario, fue erigido por un Imperio Incaico que duró poco menos de un siglo. ¿Qué otrás proezas habrían alcanzado los Incas de no haber sido conquistados por los Españoles? Es algo que nunca sabremos.

Y sin embargo, otra duda persiste. ¿Cómo el Imperio alcanzó tamaño apogeo en tan corto tiempo?

La Órden del Sol



 
El territorio del Antiguo Perú era controlado por reinados diminutos y carentes de poder. Alrededor del año 1200, surge una tribu diferente a las demás. Debido a sus inciertos orígenes, se tejió la leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo. Aquella pareja mitólogica y divina estableció esa nueva tribu en la región del Cuzco (Qosqo). Manco Capac y Mama Ocllo instruyeron a sus súbditos en varias artes agrícolas y textiles. Pero además de conocimiento, esa tribu anónima recibió la revelacion que habían sido los “elegidos por la divinidad,” el Inti, o Dios Sol. Desde entonces los Incas se hicieron llamar “Los Hijos del Sol.”

Mito, leyenda or fantasía pura, creerse “los elegidos” marcó una gran diferencia. Las tribus aledañas adoraban a varias deidades, pero no se creían descendientes de los Dioses. Y precisamente, esa desconección o poca fé en sí mismos se reflejaba en sus tribus decadentes. Los Incas, por el contrario, desde su fundación concibieron una visión de grandeza y la convicción de que eran “Hijos del Sol.” Fue así como adquirieron esa sed de poder, de conquista, pues los Incas creían que su Taita, El Sol, los protegerían.

El Liderazgo de Pachacútec



 
Creer tener orígenes divinos era algo edificante para los Incas. Pero los Incas eran, ante todo, humanos. Todo indica que los Incas no creyeron cabalmente en su propia leyenda. Desde el año 1200 hasta el 1438, el reinado únicamente se concentró en el Cuzco. Eran un reino igual al del montón, con poca ambición, y carente de ideales. Sin embargo, en el año 1438, el Inca Pachacútec ascendió al trono.

En raras ocasiones, aparece un líder que despierta a los pueblos de su letargo, y les revela todo su potencial interior. Pachacútec era uno de ellos. El Inca inspiró a su pueblo para que cumplieran la misión. Ellos eran los Hijos del Sol, los Elegidos, y era necesario expanderse, conquistar tribus aledañas e indoctrinarlas en la adoración al Inti, el Dios Sol. Aferrándose en la creencia de su ascendencia divina, los Incas desataron un gran poderío. Desde entonces, sus continuas conquistas dieron inicio al Imperio Incaico.

Por casi un siglo, los Incas se expandieron hasta regiones distantes como Chile, Argentina, Ecuador, Colombia y Bolivia. Y ademas de sus conquistas, también construyeron Machu Picchu, el Korikancha, la fortaleza del Sacsayhuamán y maravillas como la piedra de los doce ángulos. Su ambición era ilimitada pues su capital, Qosqo, era considerada como “el ombligo del mundo” y el “centro del universo.” Tamañas proezas fueron labradas a base de sacrificio y una rara lealtad.𝔖