Culture History

Catalina Buendía, La Mártir de la Chicha

Sus últimas palabras fueron '¡Viva el Perú!'

El enfrentamiento armado con Chile ocasionó al Perú incalculables pérdidas humanas y materiales. Aunque fue también una lucha que demostró la valentía de hombres y mujeres que ofrecieron sus vidas en favor de la nación. Muchos fueron héroes anónimos discriminados por su condición racial.

Este es el caso de Catalina Buendía de Pecho, una mujer que no se sintió limitada por su condición de campesina afroperuana. Ella luchó junto a su pueblo, sin miedo de morir en el campo de batalla.

LA LIDERESA DE LOS ‘MOLINOS’


Catalina nació en el pueblo “Los Molinos,” en la región Ica. Aunque se desconoce la fecha de su nacimiento, se sabe que desde pequeña desplegó un intenso fervor patriótico.

Se casó con José La Rosa Pecho, un agricultor que vivía en San José de los Molinos. Sólo tuvieron un hijo, de nombre Hilario. Catalina se dedicó al campo, recogiendo algodón en las principales haciendas iqueñas. Dicha labor la ayudó a forjar un carácter fuerte, con cualidades de liderazgo, ganándose así el respeto de quienes la rodeaban.

Por entonces Lima estaba invadida por las tropas chilenas, quienes habían ocupado edificios públicos. La población se mantenía en zozobra en sus hogares, con el temor de sufrir algún ataque.

El Tratado de Ancón, firmado el 20 de octubre de 1883, se planteó terminar con esta ocupación. Pese a la polémica que existió entorno, el tratado fue firmado por los embajadores de ambos países. En este acuerdo, se estableció el cese de Arica y Tacna al gobierno chileno por 10 años, la pérdida total de Tarapacá, la ganancia chilena del comercio guanero, además del 50% de su producción.

En 1883, años después de la firma del Tratado de Ancón, peruanos y chilenos se enfrentaron en una lucha encarnizada en el “Combate del Cerrillo o de los Molinos.” Cientos de heridos y muertos, ciudades saqueadas y destruidas fueron el resultado de esta contienda.

LAS ATROCIDADES CHILENAS


Durante la guerra, el ejército chileno accionó salvajemente, violando las leyes de guerra vigentes de la época.

“La Ley de la guerra para los ejércitos de tierra,” es un ejemplo. Esta ley fue instituída en 1880, por el Instituto de Derecho Internacional en Oxford, Inglaterra. Bajo el marco de esta ley, la escuadra chilena quebrantó ciertos artículos durante la Guerra del Pacífico.

Por ejemplo, el artículo 9 prohíbe atacar al contrincante cuando éste ya se haya rendido o esté herido. Los chilenos remataron con disparos a muchos peruanos moribundos. Dicha práctica perversa fue conocida como “el repase.”

Por otro lado, la destrucción y saqueo de propiedades públicas y privadas fue una práctica predilecta del ejército chileno, ávidos de obtener un botín de guerra. Sin embargo, el artículo 32 de esta ley bélica prohibe dichas acciones, aún cuando la ciudad esté sitiada por el ejército invasor.

Dichas leyes sólo resaltan el gravísimo ultraje cometido por la escuadra chilena. La historiadora Maritza Villavicencio, en su artículo “Acción de las mujeres peruanas durante la guerra con Chile,” narra los espeluznantes episodios de violencia sexual contra la mujer.

Maritza señala que las mujeres peruanas fueron atacadas y secuestradas sin importar su distinción social, racial o económica. En caso ellas mostraran resistencia, los soldados chilenos les cercenaban los senos.

Dichas acciones demuestran que la violencia impartida por los chilenos no tuvo límites.

LA VALENTÍA DE CATALINA


Durante el combate del Cerrillo, Catalina convocó a un grupo de pobladores, quienes armados de palos y piedras se enfrentaron al enemigo. Hombres y mujeres se atrincheraron en el cerro “El Molino,” que era un camino obligado para quien se dirigía a la sierra.

Sin embargo, este plan fue saboteado por el ciudadano chino Chang Joo, quien traicionando al pueblo iqueño, le informó a los chilenos donde se atrincheraba la resistencia. Este hecho desestabilizaría la estrategia sorpresa de los Iqueños. La lucha fue feroz. Finalmente, los chilenos dominaron la contienda.

Catalina no podía permitir que sus compatriotas fueran víctimas de mas atrocidades. Ya había escuchado de los terroríficos saqueos chilenos y de sus ultrajes sexuales contra mujeres inocentes. Ante esta situación, Catalina concibió una estrategia para diezmar al ejército sureño.

Una tinaja de chicha de jora sería el arma secreta. Catalina sabía que los niños y mujeres llevaban recipientes de chicha para apaciguar la sed de los soldados. En tan inocente acción, era imposible imaginar que un recipiente pudiese estar envenenado.


  ‘Es fundamental enfatizar que el ejército peruano estuvo conformado por militares y civiles afrodescendientes. El racismo ha impedido reconocer, valorar y recordar a estos afroperuanos que se inmolaron por la paz y la justicia de nuestro pueblo.’


Catalina agregó a la chicha el jugo de la vaina del arbusto denominado piñón, que consumido en exceso causa la muerte.

Catalina se acercó al general chileno para manifestar la rendición de su pueblo. En señal de paz, le ofreció la tinaja de chicha. Pero el general no estaba convencido e hizo que ella tomara el primer sorbo.

Para evitar sospechas, Catalina bebió sin titubeo la chicha envenenada. Éste, al ver que no ocurría nada, procedió junto a su tropa a ingerir la bebida. Cuando el general chileno cayó al piso por efecto del veneno, el cuerpo de Catalina también empezó a desvanecerse.

Al darse cuenta que fue engañado, el general sacó su arma para acabar con la vida de Catalina quien ya se encontraba lamentándose en el suelo. Un estruendoso disparo aniquiló a Catalina, quién alcanzó a decir sus últimas palabras: ¡Viva el Perú!

Catalina demostró las agallas de las mujeres afroperuanas. Olvidándose de los estereotipos de género, ellas lucharon tan valerosamente como los hombres.

Hoy en día, Catalina es un personaje icónico en Ica. Su nombre representa al centro educativo más representativo del distrito de San José de los Molinos, el colegio mixto “Catalina Buendía de Pecho,” fundado en 1966.

Por otro lado, es fundamental enfatizar que el ejército peruano estuvo conformado por militares y civiles afrodescendientes. El racismo ha impedido reconocer, valorar y recordar a estos afroperuanos que se inmolaron por la paz y la justicia de nuestro pueblo.

Catalina Buendía, como otros héroes afroperuanos, no fue reconocida formalmente como una heroína. Pese a ello, el pueblo iqueño la recuerda como la valiente mujer que se enfrentó al ejército invasor.𝔖

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