PERU

La Primera Colonia Peruana en los Estados Unidos, 1849

Víctimas de la xenofobia norteamericana

El 24 de enero de 1848, el carpintero californiano James Marshall se encontraba junto a su molino de agua ubicado junto al río “American”. Un polvo brillante cerca de la orilla llamó su atención. Después de recolectar una muestra, Marshall se sorprendió: se trataba de sedimentos de oro puro. Explorando la periferia, el carpintero encontró enormes cantidades de depósitos de oro. En cuestión de horas, Marshall se volvió dueño de una incalculable fortuna.

Aunque Marshall fue discreto, la noticia de su descubrimiento se difundió. Varias muchedumbres de buscadores de fortuna llegaron a California. Con una población original de 200 personas, San Francisco se convirtió en una ciudad de 40.000 habitantes en tan sólo unos años.

Se popularizó el mito que los buscadores de oro de California se enriquecían rápidamente.

LA FIEBRE DEL ORO


En 1845, el caudillo Ramón Castilla asumió la presidencia de Perú. Heredando una nación inmersa en la anarquía, el mariscal Castilla estableció el orden. Su gobierno se benefició de la explotación de los depósitos de guano en la costa peruana. El comercio de guano creó mucha riqueza y benéficas relaciones internacionales para el Perú. Castilla innovó la infraestructura del país, construyó escuelas y promovió negocios locales.

Durante este período, Perú había establecido rutas comerciales navales con los Estados Unidos. Sin embargo, meses después del descubrimiento de Marshall, aún se desconocían las noticias sobre el oro Californiano. En agosto de 1848, sin embargo, el barco peruano “Lambayeque” zarpó del puerto de Monterrey, California. El barco viajó hacia el sur, teniendo como destino el puerto peruano de Paita (Piura). El barco Lambayeque llevaba ediciones del periódico de San Francisco “Californian”, que describía el reciente descubrimiento de Marshall.

El barco Lambayeque llegó a Paita el 3 de octubre. Alguien dejó una edición del ‘Californian’ en Paita. Dos semanas después, el diario Piurano “Del Tridente” publicó un relato del descubrimiento de oro.

Un mes después, la noticia llegó a Lima. El 4 de noviembre, el diario “El Comercio” publicó la noticia del oro Californiano con el titular: “¡Noticias extraordinarias!” Diariamente, El Comercio publicaría artículos sobre Marshall y la región californiana. La mitología, en ese momento, se había excedido. Las historias narraban que los estadounidenses habían construido sus chozas con oro. Además, el “país árido se había convertido en una tierra de comerciantes ricos” … donde cualquiera podía ganar de 300 a 800 dólares en un día. Incluso, algunos periodistas estadounidenses renunciaron a sus trabajos y se convirtieron en buscadores de oro.

Debido al auge económico del guano, esta noticia no impresionó a los limeños. Los capitanes de barcos peruanos que se ofrecieron a transportar gente a California fueron ignorados. Sin embargo, los periódicos siguieron publicando historias fantásticas. Informaron que varios ciudadanos chilenos ya se encontraban camino a San Francisco. La publicidad constante finalmente convenció a algunos peruanos.

El 30 de noviembre de 1848, el Buque “Susana” partió del puerto del Callao. Los nueve peruanos a bordo se despidieron y partieron rumbo a California. Oficialmente, éstos fueron los primeros Peruanos en Estados Unidos.

El presidente Ramón Castilla estaba ilusionado. En una carta pública, Castilla ensalzó las oportunidades que tendrían los peruanos en California. Pero su entusiasmo duró poco. Castilla conversó con Juan de Dios Calderón, un navegante que le advirtió sobre la idiosincrasia de los estadounidenses. Al haber sido testigo de la guerra entre México y Estados Unidos, Calderón le aseguró a Castilla que los yanquis eran xenófobos y seguramente maltratarían a los peruanos. Poco después, Castilla se enteró que a los capitanes de barcos estadounidenses ya se les había advertido ‘no traer sudamericanos’.

El 10 de enero de 1849, un segundo barco llamado “California” partió del Callao transportando alrededor de 60 peruanos. Un tercer barco, Bello Angelito, con 34 peruanos a bordo, zarpó poco después. Ambos barcos llegaron a San Francisco en Febrero. Junto con otros que viajaban en otros barcos, la primera comunidad peruana en los Estados Unidos estaba compuesta de alrededor de 227 peruanos.


‘Al haber sido testigo de la guerra entre México y Estados Unidos, Calderón le aseguró a Castilla que los yanquis eran xenófobos y seguramente maltratarían a los peruanos.


Los inmigrantes peruanos tenían un buen nivel educativo. Un publicista estadounidense escribió en su diario que sentía “más respeto por los sudamericanos que por los toscos y vulgares yanquis”. Lamentablemente, la educación no se valoraba entre la salvaje multitud del Salvaje Oeste o “Wild West.” En este punto, se produjeron varias tensiones raciales. Los estadounidenses se quejaban de que los sudamericanos les estaban quitando el oro. Muchos peruanos, fáciles de reconocer por su atuendo, fueron señalados en las calles.

Tanto peruanos como chilenos viajaban en caravanas y a caballo. Muchos de ellos también portaban armas y rifles. En el Salvaje Oeste, existía una “ley de las armas” implícita entre los estadounidenses. Para peruanos y chilenos, víctimas de discriminación, poseer armas era una cuestión de vida o muerte. 

Informado de la violencia contra los Peruanos, el presidente Castilla envió a California el buque “General Gamarra”. Su propósito era ayudar a los peruanos en caso de peligro.

LA CONSPIRACIÓN: 15 DE JULIO DE 1849


Cuando los peruanos se establecieron en California, el prejuicio racial no era tan intenso. En realidad, al principio había más sudamericanos que gente de raza blanca. Pero día a día, los estadounidenses siguieron llegando a la nueva tierra. Cuando la cantidad de estadounidenses superó a la de latinos, la tensión racial se intensificó.

Según el historiador Jay Monaghan, la ética de trabajo de los peruanos era fuerte. Habiendo construido tiendas de campaña junto al río Americano, los peruanos extrajeron suficientes cantidades de oro. Algunos de ellos se asentaron en pueblos cercanos. Pero la intimidación alcanzó mayores proporciones, con poderosas influencias bajo la sombra. Un grupo de bandidos, conocidos como “la Sociedad de los 42,” amenazaba constantemente a los latinos en las calles. Se creía que se les había pagado a los bandidos para hacerlo.

En la noche del 15 de julio, la Sociedad de los 42 había estado bebiendo en un bar. De alguna manera, animaron a la población a levantarse contra los latinos. Muchos ciudadanos racistas y fanáticos se unieron a su grupo. Esa misma noche, la turba recorrió las orillas del río y destruyó las decenas de tiendas de campaña de Peruanos y Chilenos. A las personas con rasgos faciales hispanos se les obligaba a hablar. Los que hablaban español o tenían acento fueron golpeados.

Al día siguiente, el escenario fue devastador. Se habían quemado muebles, ropa y otros utensilios. Muchas personas resultaron heridas. Esa noche, las autoridades finalmente intervinieron. Los culpables fueron llevados a juicio y condenados a prisión. Desafortunadamente, la sentencia nunca se ejecutó. ¡Los bandidos fueron puestos en libertad ese mismo día! Claramente, las autoridades habían estado detrás de todos los disturbios.

Los peruanos, decepcionados, entendieron que era tiempo de marcharse. Muchos abordaron el buque “General Gamarra” y regresaron al Perú. El barco realizó dos viajes de ida y vuelta para repatriar a todos los peruanos. Unos pocos peruanos tuvieron la valentía de quedarse.

Tras tan terrible desenlace, el presidente Castilla quedó decepcionado. Castilla también escuchó historias de que los chilenos no habían sido particularmente amigables con los peruanos. Los historiadores afirman que, a partir de esta experiencia, Castilla empezó a desconfiar tanto de Chile como de Estados Unidos.

Alrededor del año 1850, Estados Unidos se ganó la fama de ser “la nación de los inmigrantes”. Ciudadanos de todo el mundo llegaron a forjarse una nueva vida en “la tierra de las oportunidades”. Existe la percepción de que los peruanos no se sumaron a esta migración masiva que incluyó a personas de todas las nacionalidades (principalmente europeas). Como se muestra arriba, los peruanos participaron, pero la xenofobia norteamericana los excluyeron del todo. 

Si esto no hubiera ocurrido, Estados Unidos indudablemente sería una nación mucho más diversa de lo que es hoy.𝔖