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Guerra del Pacífico: John Thomas North y la Pandilla Británica

El Capitalismo Depredador

 

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esde el Siglo XVI, Gran Bretaña poseía el monopolio del salitre. A través de la East India Company, los británicos abastecían el mercado mundial. El salitre se destinaba para la fabricación de pólvora y fertilizantes.

Pero en 1853, la Guerra de Crimea los puso en aprietos. El caliche extraído en la India no pudo satisfacer la creciente demanda. Ante el inesperado déficit, los Británicos restringieron la exportación del salitre. Luego de tres siglos ininterrumpidos dominando aquel mercado, no iban a cruzarse de brazos. En 1855, buscaron ávidamente otros yacimientos en el orbe. Entonces fijaron la mira en los territorios de Bolivia y Perú.

La Sacrosanta ‘Inversión Extranjera’


Esta información sólo la tenían los especialistas. Es decir, los industrialistas y capitalistas ingleses, cuyo modus operandi se basa en el secretismo y la discreción sepulcral. Y si algo caracteriza a los Imperios financieros es que saben trabajar a largo plazo. Son expertos en implementar el síndrome de la rana hervida.

El historiador Robert N. Burr señala que la mal llamada ‘Guerra del Pacífico’ realmente se inició décadas antes. Desde 1855, los Británicos financiaron las compañías que colonizaron Antofagasta (Bolivia) y Tarapacá (Perú). Ambos territorios prácticamente se volvieron Chilenos. Luego de colonizarlos con miles de técnicos, obreros, y empresarios Chilenos, el resto fue sencillo. Sólo bastó un cerillo para incendiar la pradera.

El Reino Unido inició esa guerra entre las sombras. Las casas financieras de William Gibbs y Melbourne Clark and Company sirvieron como fachada. Pero otros británicos, informados por terceros de dichos planes, también hicieron de las suyas. Tal es el caso de John Thomas North.

Nacido en Leeds, Inglaterra, en 1942, North era hijo de un comerciante de carbón. Había crecido en una zona industrial, donde abundaban las fundiciones y factorías. En aquel ámbito donde los minerales y las industrias eran tema constante de conversación, North se volvió un experto.

En 1865, North se casó con la hija de un político conservador. Se hizo entonces supervisor de la compañía Steam Plough Works. En 1869, viajó a Chile a supervisar la construcción de calderas para líneas ferroviarias. En 1871, renuncia y se muda a Iquique, Perú. Allí conoce a Maurice Jewell, cónsul británico de esa ciudad. Jewell, como impulsor de los planes geopolíticos del Reino Unido, se asocia con North para iniciar un negocio de importación. Jewell le facilita las conexiones y el capital para importar masivamente maquinarias a Tarapacá. El objetivo era claro: agudizar la ocupación industrial y económica Anglo-Chilena en el Perú. Esto se debía a que Perú ya empezaba a tomar cartas en el asunto.

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En 1873, el presidente Manuel Pardo prohibió la venta de terrenos salitreros a extranjeros. Pero la agresiva proliferación de negocios Anglo-Chilenos se agudizó. En 1875, Pardo finalmente expropia todas las compañías salitreras. Según Burr, Perú hizo esto para rescatar sus quebradas arcas estatales. No sospechaban lo que se desenvolvía bajo las sombras.

Entretanto, las relaciones entre Chile y Bolivia se agriaron. Las salitreras Chilenas se rehusaron a pagar los tributos impuestos por Bolivia. Los Bolivianos no cedieron ante la intransigencia Anglo-Chilena, y amenazaron con la confiscación.

Años previos a la guerra, el Perú había designado al inglés Robert Harvey como ‘Inspector general de salitreras del Perú.’ Según el periodista Guillermo Parvex, Harvey resultó ser un espía de los Ingleses. Durante la expropiación Peruana, Harvey enviaba información confidencial de la producción del salitre peruano a la Inteligencia inglesa. Y cuando estalló la guerra, Harvey fue designado como inspector de salitre de las autoridades Chilenas.

En 1878, North asumió la gerencia de la ‘Compañía de Aguas de Tarapacá,’ perteneciente a una sociedad de capitalistas Ingleses. Gracias a ellos, North se enteró de los planes de Gran Bretaña con respecto al salitre. En Tarapacá, North también entabla amistad con Robert Harvey, el espía Inglés. A estas instancias, North ya intuía lo que ocurriría. Las expropiaciones hechas por Perú y la gallardía Boliviana lo garantizaban. William Gibbs y Melbourne Clark moverían sus influencias para iniciar la guerra. Así sucedió.

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El plan fue metódico. Incrementar silenciosamente su propio potencial armamentístico. Promocionar los ‘beneficios’ de la sacrosanta inversión extranjera. Iniciar una campaña de desprestigio en contra de una nación. Adocenarlos con la patraña de que su nación está en crisis. Colonizar sus tierras y engatuzarlos con el cuento del “progreso.” Y repetirles hasta el hartazgo, bajo la fachada de múltiples argumentos, la misma mentira: la «economía,» «las leyes de la naturaleza,» y «la realidad» siempre fueron así y nunca nada las podrá cambiar.

Por medio de sus lobistas, embajadores, medios propagandísticos, y sus marionetas Chilenas, y también Peruanas, los Ingleses aplicaron dichas tácticas antes y durante la guerra. Por ello, cuando los ejércitos chilenos invadieron Tarapacá (Perú), esas mentiras ya eran una realidad. Lo demás fue simple.

Las tretas financieras se iniciaron en 1880. El historiador Chileno Sergio Gonzáles nos lo explica. John Thomas North se asoció con el espía inglés Robert Harvey y con el banquero inglés John Dawson. El banquero les facilitó el capital necesario para comprar las salitreras que Perú había expropiado en 1875. El gobierno Peruano había entregado a los antiguos propietarios unos certificados a un precio fijo. Entre esos ex-propietarios se hallaban Peruanos, Chilenos y algunos extranjeros. Obviamente, Gran Bretaña no inició esta guerra para restituirle las salitreras a dichos propietarios. El objetivo era que los financistas Ingleses tuvieran el control absoluto.

Los Ingleses desplegaron entonces su vulture capitalism o capitalismo depredador. Con la información privilegiada de Robert Harvey, John Thomas North y Dawson contactaron a los tenedores de esos certificados, especialmente a los de las salitreras más acaudaladas y productivas. Estos certificados se habían devaluado por causa de la guerra, y North las compró a un quince por ciento del precio original. Fue así como los buitres Británicos asaltaron las riquezas salitreras, timando vilmente a los Peruanos, Bolivianos y Chilenos. Luego las personas agraviadas los enjuiciaron, sugiriendo que todo era parte de una conspiración Inglesa. Según ellos, los Ingleses ya sabían de antemano que el gobierno Chileno restablecería la propiedad de las salitreras a sus dueños originales. No sólo lo sabían, sino que los mismos Ingleses presionaron al gobierno Chileno para que esto sucediera. Y por ello, en base a mentiras y a la manipulación, se apuraron a comprar dichas propiedades a precios devaluados. 

Sergio Gonzáles se pregunta: «¿Quiénes serían esos especuladores que tenían tanto poder como para presionar al gobierno de Chile en pleno desarrollo de la Guerra del Pacífico?» Luego de su investigación exhaustiva, se responde: «Los empresarios con mayores adquisiciones fueron de nacionalidad inglesa y alemana, y la casa Gibbs fue notoriamente la más destacada..»

John Thomas North se hizo muy rico en base a dichas tretas. En realidad, estas técnicas son muy antiguas. Todo Imperio siempre ha tratado de desestabilizar a los países colmados de riquezas. En base a intrigas, crean muchas «crisis» y «conflictos,» y complotan bajo las sombras para desestabilizar el orden interno, devaluando así el valor de las riquezas, para luego comprarlas con migajas y saquearlas a su antojo. Es el robo sofisticado. Después, sólo queda encargarse de borrar esos crímenes de la «historia oficial.»𝔖