Arts Culture

La Fiesta Navideña del Santurantikuy

La Historia de Q'alito

En la mayoría de ciudades es la imagen del niño Jesús en el pesebre quien compite con Papa Noel por el protagonismo de la festividad navideña. Sin embargo, en el Cuzco, el niño Manuelito y la tradicional feria Santurantikuy son los más esperados en la víspera. Esta feria, cuyo nombre es una combinación de castellano y quechua que significa “venta de santos,” se realiza cada 24 de diciembre en la Plaza Mayor de esta ciudad.

En el siglo XVI, cuando se instauró la colonia española en Cuzco, los conquistadores se empeñaron en imponer el catolicismo. Si bien se instauró una ardua evangelización, los indígenas todavía ocultaban sus símbolos de adoración a la tierra y el sol detrás de las cruces y altares católicos.

A lo largo de los años las creencias terminaron por fusionarse. En la víspera de navidad, los cusqueños empezaron a vender a los pies de la catedral figuras hechas de pasta para adornar los nacimientos. Esta fue la primera referencia que se tuvo del Santurantikuy, relatada por el escritor José María Blanco en 1834.

Con el pasar de los años la feria se masificó. Cada vez más artesanos se reunían en la catedral para vender las imágenes religiosas, entre las que destacó la del niño Manuelito, también conocido como niño de la espina.

Antonio Olave y la Historia de Q’alito


El nombre con el que Jesús llegó a Cuzco fue Emmanuel, el cual significaba Dios con nosotros. Con el tiempo esto simplemente se cambió a niño Manuelito.

Esta versión del niño en el pesebre fue variando hasta convertirse en un infante sentado en una silla con una espina en el pie. Precisamente, fue el escultor Antonio Olave Palomino quien creó esta nueva imagen del “Niño Manuelito,” la más reconocida y vendida actualmente.

Olave, oriundo del distrito de Pisac en Cusco, fue uno de los artesanos más destacados del siglo XX. Según el Instituto de Investigación de Patrimonio Cultural sus ancestros ayacuchanos también eran escultores y viajaban a Cusco para vender sus obras en el Santurantikuy, hasta que se mudaron definitivamente allí.

Desde pequeño, Antonio Olave destacó en la pintura y la escultura. A los seis años realizaba algunas figuras de barro y vasijas de arcilla. Mientras pastaba ovejas, Olave aprovechaba su tiempo para crear animalitos de arcilla en fosas que encontraba en el camino. Sus creaciones eran continuamente halagadas por los padres de sus compañeros en el colegio.

A los siete años Antonio y su tío, Fabián Palomino, se mudaron a Cuzco. Es allí en donde participó por primera vez en el Santurantikuy. En un inicio Olave fabricaba animales de yeso como ovejas, vacas y burros. Pese a lo simple de sus esculturas, éstas se vendían muy bien. Incluso fueron del agrado del Monseñor Cuzqueño Mario Gálvez, quien mostraba su afecto dándole ligeros golpes en la cabeza.

Tras el terremoto cuzqueño de 1950, Olave restauró figuras en museos e iglesias, siendo así ampliamente reconocido. En 1975, un grupo de campesinos Vilcabambinos le piden reparar la imagen de un niño Jesús. A través de ellos, Olave conoce entonces la historia de Q’alito.

Q’alito era un niño que salió un día en busca de pastores para jugar con ellos. En su camino escuchó el llanto de otro pequeño, a quien se le había incrustado una espina en el pie. Q’alito, para calmarlo, pisó una espina intencionalmente y le dijo: “No llores, yo también tengo una espina”. Conmovido con esa fábula, Olave se inspiró en cambiar el modelo del niño Manuelito.


“Yo hago todas mis obras con respeto, no lo hago por vender y ganar dinero.. es algo sagrado”- Antonio Olave


La nueva imagen del niño Manuelito presenta piel blanca, mejillas rosáceas, ojos de cristal, dientes hechos con la base de las plumas de cóndor, cabellos rizados naturalmente y espejos en el paladar. Toma al menos cuatro días en fabricarse y está hecha a base de madera de maguey.

Desde entonces ésta imagen se popularizó tanto que el Papa Juan Pablo II, en su visita a Cuzco en 1985, bendijo una imagen del niño Manuelito. Esto marcó un hito en la carrera de Olave, quien alguna vez confesó que sus más grandes secretos del oficio son la constancia y el orden. En diversas entrevistas se describe como todo su taller está muy organizado. Ningún artefacto está fuera de lugar, lo que demuestra lo perfeccionista que era este escultor.

A lo largo de su vida Olave recibió diversas condecoraciones. Por ejemplo, en el 2002, Olave fue declarado Patrimonio Cultural Vivo de la Nación. En el 2012, ganó el prestigioso premio Nacional Amautas de la Artesanía Peruana. Y sus figuras también tienen relevancia internacional. La reina Sofía de España posee un nacimiento en el que todas las piezas fueron fabricadas por Antonio Olave y su familia.

Antonio Olave falleció el 26 de julio del 2016, y dejó un gran legado para esta importante festividad. Hoy en día lo recordamos con su más emotiva frase: “Yo hago todas mis obras con respeto, no lo hago por vender y ganar dinero.. es algo sagrado”

El niño Manuelito ahora es pieza clave en los nacimientos cusqueños y souvenir obligado para los turistas. Algunas muestras tienen una espina en el pie en honor a Q’alito. Otras simplemente son las de un niño recostado. La gran mayoría mantiene las vestimentas andinas representativas de los inicios del niño Manuelito en el siglo XVI.

En el taller de Olave se continúa vendiendo estas figuras, a un precio que oscila entre los 600 y 35,000 soles dependiendo del tamaño. En la Plaza Mayor de Cuzco, un niño Manuelito cuesta alrededor de 50 soles, aunque el precio varía según el material, tamaño y la casa donde fue fabricado. En internet se venden imágenes del niño Manuelito hasta por 40 soles.

Santurantikuy hoy


En los últimos años, la festividad cusqueña ha cambiado un tanto. En un inicio las ventas se realizaban sólo en las escaleras de la catedral. Pero luego los artesanos tomaron toda la Plaza Mayor y hoy hasta ocupan calles aledañas. Aun así, el modelo del niño Manuelito se mantiene y la variedad de potajes que lo acompañan también.

Cada 24 de diciembre, la feria es acaparada por pobladores y turistas en busca del mejor recuerdo navideño. La plaza se colma de vendedores que exhiben sus esculturas desplegadas sobre mantas multicolores. También se suelen vender dulces artesanales como algodón de azúcar, mazamorra morada, arroz con leche, chicha de jora y el pan andino, también conocido como pan Wawa. En la noche, cuando hace más frío, se ofrece el tradicional ponche caliente y los chicharrones.

Para este año la Empresa Municipal de Festejos del Cusco (Emufec), encargada oficial de la festividad del Santurantikuy, ha convocado 1500 escultores calificados en cerámica y platería. La mayoría de ellos realiza esta labor como parte de una tradición familiar. Mientras que otros son nuevos artesanos que incursionan en la festividad.

Desde el 2009, esta feria es un patrimonio cultural, ya que es considerada una de las expresiones andinas más representativas en nuestro país. Gracias al Santurantikuy, las nuevas generaciones logran conservar las invaluables costumbres de nuestra época colonial.𝔖

Image: Courtesy of Walter Coraza Morveli

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Egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú en la carrera de Ciencias y Artes de la Comunicación. Me apasiona escribir sobre temas culturales, sociales y ambientales.