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Mono Choro de Cola Amarilla: Una Especie Condenada

Luchando una Batalla Perdida

En nuestra Amazonía habita un animal que está perdiendo la batalla por su existencia. Cada día, el mono choro de cola amarilla observa cómo los árboles que considera su hogar son destruídos. En un intento por salvarlos siembra miles de semillas de árboles al año. Esta acción le valió el nombre de “jardinero del bosque.” Sin embargo, el daño de la deforestación es casi tan inevitable como la extinción de este primate.

De las 485 especies de animales que habitan nuestro país, 35 se encuentran en grave peligro de extinción. Según la Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza (UICN), el Perú es el cuarto país con más flora y fauna en estado crítico. Una de estas especies amenazadas es el mono choro de cola amarilla, endémico de los Andes peruanos.

La primera descripción del mono choro la dio Alexander Von Humboldt en 1812. Durante una exploración a Jaén, Humboldt encontró las pieles de este primate sobre la montura de un caballo. Emocionado, las compró y se las llevó a Alemania para estudiarlas.

No fue hasta 1974 que el primatologo Russel Mittermeier emprendió una expedición en su búsqueda. En Chachapoyas un cazador lo guió hacia los bosques de neblina, también conocidos como selvas nubladas. Poco antes de volver a Lima, Mittermeier encontró un jóven ejemplar que era mascota de un soldado. El espécimen fue rescatado y llevado al Museo de Historia Natural de Lima.

El mono choro habita principalmente en Amazonas y San Martín en altitudes entre 1700 y 2700 msnm. Es también llamado por los locales tupa, pacorrunto, quilliruntu o quilla. Pertenece al género Lagothrix hendeei junto a los monos lanudos. Su dieta se conforma por insectos, hojas, flores, semillas y algunos pequeños vertebrados.

El mono choro tiene pelaje pardo y cobrizo y es uno de los primates más grandes del Perú. Los adultos llegan a medir 54 cm y sus colas 63 cm. Se caracterizan por el pelaje blanco que rodea su boca y los pelos amarillos en el tercio ventral de la cola. Además, los machos tienen un mechón dorado en la zona genital.

Debido a que los machos son polígamos las hembras se encargan de cuidar a sus crías. Ellas los alimentan, los bañan y los llevan en sus lomos hasta que puedan movilizarse por sí solos. Por las noches todos los miembros de un grupo entrelazan sus colas con el fin de estrechar sus vínculos familiares.

LOS ENEMIGOS DEL MONO CHORO


Estos primates suelen viajar en grupos de hasta 18 ejemplares. Un reciente estudio de la ONG Neotropical Primate Conservation (NPC) identificó grupos de 20 en La Libertad y Huánuco. Esto indica que están perdiendo territorio en la selva nublada. La principal causa sería la deforestación.

Según el Ministerio de Agricultura, dos de las zonas más afectadas por la tala ilegal son Amazonas y San Martín. El Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre informó que el 22% de la deforestación se concentra en San Martín. Esto afecta directamente al mono choro porque pierde los árboles capaces de soportar su peso.

Uno de los objetivos de la tala ilegal es la producción de madera rolliza, insumo que se obtiene al quitar la corteza de los árboles. Entre el 2001 y el 2015, la producción de la madera rolliza alcanzó un volumen máximo de 2.47 millones de metros cúbicos. En los últimos dos años esta cifra disminuyó, pero siempre existen épocas altas y bajas en su comercialización.

La deforestación es también provocada por la ‘agricultura migratoria.’ Con el paso de los años, el desarrollo y la migración generaron más centros poblados en la Amazonía. Los nuevos pobladores suelen talar árboles y arar la tierra para obtener una fuente de ingresos. Sus principales cultivos son el café, el cacao y la palma aceitera. El Ministerio del Ambiente asegura que el 91% de la tala de bosques se debe a dicha agricultura y la ganadería.

Sin embargo, el Estado explicó que la tierra de la selva no es apta para cultivo. La zona de los bosques húmedos sólo permite plantaciones por dos años. Luego de ese tiempo los agricultores buscan nuevas zonas para deforestar y todo empieza de nuevo.


‘No sólo destruimos nuestro medio ambiente sino que también aniquilamos a animales que tienen igual derecho a esta tierra que nosotros.’


Este daño al ecosistema afecta la supervivencia del mono choro. Estos primates son arborícolas, es decir, dependen de los bosques para vivir y no de un solo árbol. Debido a que son muy sociables, su hábitat sirve como un medio de comunicación con los de su especie. Pero la deforestación impide que los animales se comuniquen.

Otro problema es la comercialización ilegal de esta especie. Este primate resalta por su rareza. Aunque no hay un registro oficial, se cree que quedan menos de 10 mil ejemplares. Esto los hace muy atractivos para los traficantes. La mayoría de monos choro son vendidos en el mercado negro y usados como mascota. Otros son usados como alimento, curaciones y en rituales ceremoniales. Un mono choro suele costar entre 600 y 900 dólares dependiendo de su edad.

Estos primates no temen cuidar su territorio. Es por eso que cuando los cazadores van en su búsqueda, los monos choro les lanzan comida, hojas y lo que tengan cerca. Sin embargo, en la lucha del hombre contra los animales el final siempre es el mismo. Una vez más una especie muere luchando por lo que considera suyo.

LUCHANDO UNA BATALLA PERDIDA


En septiembre del 2008, el Congreso aprobó una ley para agravar los castigos por delitos contra el ambiente y la piratería. Las penas privativas han pasado a ser de tres a seis años. Sin embargo, el seguimiento de esta norma es casi inexistente.

Otras organizaciones como ‘Panamericana de la Salud’ mantienen en cautiverio a estos primates para reproducirlos y evitar su extinción. El dilema es que los monos choros tienen un lento proceso reproductivo. Su periodo de gestación es de 225 días y, aunque suelen aparearse todo el año, la mayoría lo hace en junio y julio.

Mantenerlos cautivos tampoco es una opción viable. Esto se debe a que son animales muy sociables, y no logran sobrevivir en espacios limitados.

Existen dos áreas protegidas en el Parque Nacional del Río Abiseo, en Amazonas y San Martín. El dilema de las ONG es que si sacan a los monos choros de su hábitat, éstos mueren lentamente, y si los dejan en la selva también. El destino del mono choro es desalentador.

Nuevamente condenamos a la muerte a una especie. La tala ilegal es un arma de doble filo. No sólo destruimos nuestro medio ambiente sino que también aniquilamos a animales que tienen igual derecho a esta tierra que nosotros. Mientras tanto el mono choro seguirá luchando una batalla que ya está perdida. Seguirá con su rutina de sembrar semillas y cada noche se tomará de la cola con su familia.

Es lo único que les queda.𝔖

Image: Courtesy of Andrew Wamsley

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Egresada de la Pontificia Universidad Católica del Perú en la carrera de Ciencias y Artes de la Comunicación. Me apasiona escribir sobre temas culturales, sociales y ambientales.